La red que impulsa el aborto clandestino en
Iberoamérica
Carlos Polo
agosto 28, 2025
Un nuevo informe
de Population Research Institute (PRI) expone con detalle el funcionamiento del
Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (CLACAI), una red
internacional creada para introducir y normalizar el aborto clandestino con
misoprostol en Iberoamérica. Con presencia en 19 países y 165 organizaciones
miembros, CLACAI se presenta como defensora de los “derechos sexuales y
reproductivos”, pero su objetivo real es legalizar el aborto sin restricciones
y debilitar las leyes que protegen la vida.
La razón de ser de
CLACAI: el aborto con misoprostol
El misoprostol es
un medicamento aprobado en la mayoría de países para tratar úlceras gástricas o
inducir el parto en contextos médicos controlados. CLACAI y sus aliados lo
promueven para otro fin: provocar abortos en casa, sin supervisión médica. Lo
llaman “aborto seguro” o “aborto autogestionado”, pero en realidad es una
automedicación clandestina que puede causar hemorragias, infecciones, daños
irreversibles e incluso la muerte.
El método es
simple y peligroso: la mujer adquiere las pastillas en el mercado negro,
generalmente a través de páginas web o redes sociales, y recibe instrucciones
por internet o teléfono para administrarse la droga a solas. Si surgen
complicaciones, se le aconseja acudir a un hospital diciendo que se trata de un
aborto espontáneo, lo que evita sanciones legales para quienes le vendieron o
indicaron el uso del fármaco. Así, los promotores se liberan de responsabilidad
penal, trasladando todo el riesgo a la mujer. No es autonomía, es abandono.
Esta práctica
ilegal pone a mujeres vulnerables en manos de delincuentes que les venden las
pastillas y luego las abandonan, dejándolas solas frente a una automedicación
que puede ocasionarles serios daños o la muerte.
La red CLACAI
alberga entre sus miembros a ONGs abortistas internacionales como Safe2Choose y
Women Help Women que promueven el uso de misoprostol adquirido ilegalmente para
provocar abortos. Otros miembros de CLACAI han reproducido estas “consejerías
de aborto autogestionado” a lo cual se suman los “servicios de venta de
misoprostol por delivery” en el mercado negro a través de redes sociales,
exponiendo a las mujeres a un triple riesgo: el de salud, el de seguridad y el
económico.
De la
clandestinidad al activismo coordinado
Estas prácticas
son parte de una estrategia global cuidadosamente diseñada en despachos
internacionales. Su origen se remonta a 2003, con la creación de la ONG Gynuity
Health Projects, concebida específicamente para desarrollar y expandir en todo
el mundo el uso del misoprostol como herramienta para provocar abortos. La
dirección recayó en Beverly Winikoff, quien acumulaba 25 años de experiencia como
directora de Salud Reproductiva en Population Council, uno de los actores clave
de la industria abortista internacional.
Fundada en 2006,
CLACAI fue creada para articular tres frentes estratégicos en la región de
Iberoamérica:
Jurídico-político:
diseña litigios, redacta protocolos y presiona a cortes nacionales e
internacionales para despenalizar o legalizar el aborto.
Mediático-cultural:
instala narrativas que presentan el aborto como un derecho humano y naturalizan
su práctica fuera del sistema de salud, mientras desacreditan al movimiento
provida.
Tecnológico-práctico:
entrena a personal sanitario, distribuye manuales para abortos químicos y
mantiene plataformas digitales que orientan a mujeres a realizar abortos
clandestinos.
En el núcleo de
esta red están ONGs internacionales como IPPF (la franquicia de clínicas de
aborto más grande del mundo), Planned Parenthood Global, Population Council,
Amnistía Internacional y Women Deliver, además de grupos como “Católicas por el
Derecho a Decidir”, creados para confundir a los católicos sobre la doctrina de
la Iglesia. La coordinación regional de CLACAI se ejerce desde Perú y está a
cargo de la ONG PROMSEX.
El cambio de
paradigma: del hospital a la casa
Al margen del
debate de la legalidad, el aborto siempre ha sido un procedimiento médico que
debía realizarse en un centro de salud. Ahora, la estrategia de CLACAI consiste
en trasladar ese acto al hogar y convertirlo en una “acción autónoma de la
mujer”. Este cambio libera de responsabilidad penal a médicos e instituciones
sanitarias, pero obliga al personal de salud a atender las complicaciones
frente a los cuales no podrían oponer objeción de conciencia.
Las consecuencias
ya se sienten: mujeres que han sufrido graves daños y otras que han perdido la
vida tras el uso de misoprostol. Aunque no siempre se publican estas historias,
el patrón es claro: la red promueve un método riesgoso, lo vende como seguro y
oculta sus efectos adversos.
La conexión con
USAID y la amenaza a la soberanía
El informe de PRI
documenta que las principales organizaciones que lideran CLACAI han recibido
financiamiento directo o indirecto de la Agencia de los Estados Unidos para el
Desarrollo Internacional (USAID). Así, recursos públicos de cooperación
internacional terminan financiando una práctica ilegal y peligrosa, además de
una agenda ideológica contraria a las leyes de la mayoría de países
iberoamericanos.
Esta operación,
coordinada a nivel regional, erosiona la capacidad de los Estados para definir
sus propias políticas en materia de salud y protección de la vida. Bajo el
discurso de los derechos humanos, se ejerce una presión externa que compromete
la soberanía normativa de las naciones.
El informe de PRI
se basa en documentos internos, declaraciones públicas y materiales producidos
por la propia red. Son sus propias palabras y acciones las que muestran su
objetivo. La ciudadanía y los legisladores tienen derecho a conocer quiénes
integran esta red, cómo operan y de dónde proviene su financiamiento.
Solo con
información transparente se puede ejercer un verdadero control democrático y
proteger tanto la vida de los no nacidos como la salud de las mujeres. Frente a
esta amenaza, el silencio no es opción. Es complicidad.
Descargue aquí el
Informe CLACAI completo
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