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jueves, 17 de junio de 2021

SER ASESINADOS

 


 para donar órganos, la eutanasia corre rápido

Brújula cotidiana, 16-06-2021

 

Se practica desde hace años, especialmente en Bélgica, Holanda y Canadá. Podríamos definirla “la eutanasia del buen samaritano”. Se trata de esto: el paciente solicita un tratamiento de eutanasia y luego da a conocer que donará sus órganos.

 

En algunos países, la eutanasia avanza tan rápido que ya no hay debates sobre si la “muerte dulce” es éticamente aceptable o no, ni siquiera se discute si la eutanasia seguida de un trasplante no se convierte en eutanasia con el propósito de un trasplante, con relativos empujones al futuro de cuius para que se decida a estirar la pata por el bien de la humanidad. No, ya el foco de la discusión se movió mucho más allá: ¿está bien que estos buenos samaritanos mueran en casa o en el hospital? ¿Los órganos recolectados en caliente son de mejor calidad siguiendo el primer o segundo protocolo?

 

Sobre este tema, la revista científica Jama Surgey publicó un artículo el pasado mes de febrero titulado: “La donación de órganos post eutanasia iniciada en casa es viable”. Los autores, Johan Sonneveld y Johannes Mulder, describen el protocolo de eutanasia domiciliaria con vistas a un trasplante posterior: “El paciente es sedado solo en casa, lo que marca el inicio de la eutanasia en términos legales, pero su finalidad médica es remover la conciencia mientras se mantienen y protegen las funciones vitales. La inducción del coma y el inicio de la fase agónica se producen posteriormente en la unidad de cuidados intensivos tras las despedidas en casa y el transporte”. Cuánto cuidado para asesinar a las personas: que todo se haga respetando la ley, los afectos y los fines clínicos destinados a preservar los órganos preciosos por trasplantar.

 

Luego, el artículo gira hacia el pietismo, uno de los ingredientes básicos de la ideología de la eutanasia: “Sugerir que la eutanasia debe tener lugar en el hospital no tiene en cuenta los deseos más profundos de estos donantes: seres humanos enfermos, cansados ​​del hospital que han decidido poner fin a su dolor en la comodidad y en la intimidad de su propio hogar”. Lo recalcamos de nuevo: la manzana de la discordia ya no es “Eutanasia sí” versus “Eutanasia no”, sino que es “dónde es mejor llevar a cabo el asesinato”.

 

Luego, los autores continúan así: “Apoyar la necesidad de hospitalización alejará a muchos potenciales donantes”. Estamos en medio de una estrategia de marketing: es necesario tranquilizar a los proveedores. Pero también los candidatos a trasplante: “No hay conflicto de intereses […]. No es necesario contrastar los intereses de los pacientes trasplantados con los intereses de los donantes de eutanasia y viceversa”. Esto significa que el proceso de eutanasia iniciado en casa no daña los órganos. Que el receptor del trasplante esté tranquilo: nuestros órganos con procedimiento domiciliario son de excelente calidad. Es otro caso de cosificación de la persona. Si los no nacidos se denominan “producto de la concepción”, estas personas podrían denominarse “producto de la eutanasia”. El paciente es visto como un almacén vivo de órganos preciosos. Como sucede con los fetos abortados en las clínicas de Planned Parenthood: primero asesinados y luego saqueados de sus órganos para la venta. Los médicos luego se convierten en vampiros de órganos, cazadores de cabezas, corazón y pulmones.

 

En fin, el cierre del resumen ofrece la figura de hasta qué punto la cultura de la muerte ha alcanzado niveles tan altos que, en algunas mentes, ya ha logrado volcar el orden objetivo de valores. De hecho, los autores apoyan el procedimiento at home y, por lo tanto, animan a todos a seguirlo con estas palabras: “Podemos hacerlo mejor. Nuestros pacientes merecen algo mejor”. Los pacientes no merecen vivir, sino ser asesinados y vaciados adecuadamente. Lo mejor, el infame best interest es ser asesinado para donar órganos. Y así, envuelto en el modesto manto de la filantropía, que cubre toda la inmundicia, se fomenta la eutanasia.

 

Los candidatos más atractivos para la eutanasia del buen samaritano son los enfermos mentales y los deprimidos: órganos sanos en mentes frágiles. No se puede pedir nada mejor. Cuerpos sanos y jóvenes, no afectados por tumores ni senescencia, especialmente indicados para trasplante. Es fácil prever un incentivo para matar a estas personas: esos órganos -así se argumentará- son de poca utilidad en una persona demente o deprimida. Es mejor dárselos a quienes puedan aprovecharlos al máximo. En definitiva, el común utilitarismo vendido, en este caso, como si fuera Beneficencia.

sábado, 19 de noviembre de 2011

La verdad médica de algunos transplantes

Asegurarse de la muerte antes de la donación de órganos es innecesario, dicen expertos


Kathleen Gilbert

Tres expertos han argumentado que, debido a que los donantes de órganos suelen estar vivos cuando se extirpan sus órganos, la comunidad médica no debería requerir que los donantes sean declarados muertos, sino que en lugar de ello deberían adoptar criterios morales más “honestos” que permitan la extirpación de órganos de los pacientes que se están “muriendo” o que tienen “lesiones graves”, con el consentimiento adecuado.

Ellos dicen que este enfoque evitaría la afirmación “pseudo-objetiva” que un donante está “realmente muerto”, lo que a menudo se basa en definiciones puramente ideológicas de la muerte, diseñados para ampliar el número de donantes de órganos, y permitiría que los extirpadores de órganos sean más honestos con el público, así como también garantizaría que los donantes no sientan dolor durante el proceso de extirpación.

Estos comentarios escalofriantes fueron ofrecidos por el doctor Neil Lazar, director de la unidad de cuidados intensivos médico-quirúrgicos en el Hospital General de Toronto, por el doctor Maxwell J. Smith, de la Universidad de Toronto, ambos en Canadá, y por David Rodríguez Arias, de la Universidad del País Vasco en España, en una conferencia sobre bioética realizada en los Estados Unidos de América en octubre, que fue publicado en un reciente artículo en la American Journal of Bioethics (Revista Americana sobre la Bioética).

Los autores declaran abiertamente que, en la práctica actual, los donantes pueden estar todavía técnicamente vivos cuando se extirpan los órganos – una condición necesaria para producir órganos sanos y vivos. Debido a esto, ellos dicen que el protocolo que requiere de la muerte de un donante es “peligrosamente engañoso”, y podría pasar por alto el bienestar del donante que todavía puede experimentar sufrimiento durante el procedimiento de extirpación.

Ellos afirman que “dado que en general se presume que los individuos muertos no pueden ser dañados, la veneración de la regla del donante muerto es engañosa”. “En última instancia, lo que es importante para la protección y el respeto de los posibles donantes no es tener un certificado de defunción firmado, sino más bien estar seguros que ellos se encuentran en un estado más allá del sufrimiento y garantizar que se respeta su autonomía”.

En lugar de la llamada Regla del Donante Muerto (RDM), los autores proponen que los donantes deben estar “protegidos de cualquier daño” (es decir, darled anestesia para que no puedan sentir dolor durante el proceso de la donación), que se obtenga el consentimiento informado, y que la sociedad debe estar “plenamente informada de la naturaleza innatamente discutible de cualquier criterio para declarar la muerte”.

Los médicos resaltan que desarrollar el criterio de la llamada “muerte cerebral”, que a menudo es utilizado por los médicos para declarar la muerte antes de la donación de órganos, fue una “estrategia ideológica” destinada para aumentar el número de donantes, pero que se ha encontrado que es “empírica y teóricamente fallida”. Ellos critican también los últimos intentos de crear nuevas definiciones, inclusive más flexibles, de la muerte, como la muerte circulatoria, que ellos argumentan, lo que se busca es simplemente “pretender” que el paciente ha muerto con el fin de obtener sus órganos.

La legitimidad de la “muerte cerebral”, de la “muerte cardíaca” y hasta de la “muerte circulatoria” – que puede ser declarada sólo 75 segundos después que se detiene la circulación – como muerte real, ha sido un debate permanente, dentro del foro público, sobre la donación de órganos. Muchos expertos afirman que los médicos familiarizados con la donación de órganos son conscientes de que los términos, destinados a delinear un umbral de la muerte probable, es diferente de la muerte corporal real, lo que torna muy incierto el estatus moral de la donación de órganos.

Mientras tanto, han surgido innumerables historias del despertar “milagroso” luego de una muerte cerebral, las cuales proporcionan peso a los argumentos de los médicos y otros que dicen que el proceso de procurar órganos viables no sólo no garantiza que un paciente ha muerto sin duda, sino que es imposible a menos que un cuerpo todavía esté técnicamente vivo.

El doctor Paul Byrne, un neonatólogo con experiencia, profesor clínico de pediatría en la Universidad de Toledo en los Estados Unidos, y el presidente de la Life Guardian Foundation (Fundación Guardiana de la Vida), dijo que no estaba sorprendido por las recientes declaraciones, de las que dijo que sólo reflejan un secreto salido a la luz pública, que desde hace mucho está presente en el campo de la donación de órganos.

“Todos los participantes en el trasplante de órganos saben que los donantes no están verdaderamente muertos”, le dijo Byrne a LifeSiteNews/Notifam, en una entrevista telefónica el martes 1 de noviembre.

“¿Cómo se pueden obtener los órganos sanos de un cadáver? No se puede”.

Byrne afirmó que la administración de medicamentos para el dolor de los donantes de órganos es rutinaria. Él observó que los médicos que toman órganos de donantes con muerte cerebral “tienen que paralizarlos para que no se muevan cuando los cortan para tomar los órganos, y cuando los paralizan sin anestesia, su ritmo cardíaco aumenta y la presión arterial sube”. “Esto no es algo que le ocurre a alguien que está realmente muerto”.

El neonatólogo dijo que ha estudiado personalmente la teoría de la “muerte cerebral” desde 1975, siete años después del primer trasplante de órganos vitales en 1968, y ha encontrado que los criterios de la muerte han sido continuamente modificados para dar cabida a una demanda de órganos frescos. La idea de una “regla del donante muerto” ni siquiera aparece hasta la década de 1980, dijo él, y no hizo entrada, dentro del lenguaje común, hasta años más tarde.

“Realmente no hay regla del donante muerto, a pesar que están tratando de hacer parecer que la hay”, dijo Byrne.

En el 2008 Byrne dirigió una conferencia en el Vaticano sobre los criterios de “muerte cerebral”, en la que un nutrido grupo de expertos internacionales, muchos de los cuales son líderes mundiales en sus campos, certificaron la ilegitimidad de la “muerte cerebral” como un criterio aceptado para la extracción de órganos.

Los comentarios de los expertos canadienses y españoles han sido objeto de críticas por parte de la comunidad de donantes de órganos, algunos de cuyos miembros han expresado su preocupación porque los Estados podrían llevar a la gente a optar por donar sus órganos.

“En la inmensa mayoría de los casos, el concepto de muerte es fácil y obvio, y no está sujeto realmente a cualquier interpretación compleja. Es un concepto muy claro”, le dijo al periódico la National Post (El Correo Nacional) en Canadá, el doctor Andrew Baker, director médico de la Trillium Gift of Life Network (Red Trillium de Regalo por la Vida), quien supervisa el sistema de trasplante en la provincia de Ontario. “Están muertos, se puede ver, no hay retorno”.

James DuBois, un profesor de ética en la salud en la Universidad de Saint Louis en los Estados Unidos, también criticó los comentarios, al decir que eliminar la Regla del Donante Muerto podría “tener consecuencias negativas: disminución de los índices de donación de órganos, alterar a los miembros de la familia del donante y crear malestar entre los trabajadores de la salud”.


TORONTO, 18 de noviembre 2011 (Notifam) –

martes, 26 de julio de 2011

¿Muerte cerebral?

Mujer con “muerte cerebral, en Québec, despierta después que la familia se negara a donar sus órganos

Por Rebecca Millette

Madeleine Gauron, una mujer de Quebec identificada como viable para donar sus órganos después que los médicos le diagnosticaran “muerte cerebral”, ha sorprendido a su familia y a los médicos cuando se recuperó de un coma, abrió sus ojos y empezó a comer.

La mujer de 76 años de edad fue hospitalizada en el Hospital Sainte-Croix de Drummondville, a causa de una inflamación de las encías, la cual requirió una operación breve. Durante su recuperación, el personal del hospital le dio comida sólida a la anciana, que ella había sido incapaz de consumir en la casa de su familia desde hace algún tiempo, y la dejó sin atender. Al ahogarse con la comida cayó en coma, después un intento fracasado de reanimación.

El personal médico contactó a su familia, explicándoles que su madre estaba con “muerte cerebral”, sin ninguna esperanza de recuperación. Al decir que los ojos de Gauron eran particularmente viables, los médicos preguntaron si la familia estaba de acuerdo con donar sus órganos.

Si bien apoyaba la posibilidad de la donación, su familia sorprendida exigió primero nuevas pruebas médicas para comprobar que Gauron estaba realmente muerta.

Al día siguiente, la familia se sorprendió al enterarse que Gauron había despertado. Inmediatamente después, ella se sentó en la cama y comió yogurt.

“Si hubiésemos decidido donar sus órganos, ellos la habrían matado”, dijo su hijo.

“No tiene sentido tratar a la gente de ese modo. A pesar que ella tiene 76 años y está enferma, ella no tenía que sufrir todo esto”, insistió su hija.

Ahora Madeleine Gauron puede comer, caminar y hablar, e inmediatamente reconoció a su familia. Sus hijos han decidido emprender acciones legales contra el hospital.

Como hay anécdotas similares a las de Gauron que siguen acumulándose, la “muerte cerebral” como un diagnóstico legítimo de la muerte real es cada vez más cuestionada por los miembros de la familia en cuestión y los profesionales médicos, algunos de los cuales han dicho que los criterios de la “muerte cerebral” fueron creados simplemente para asegurarse que los órganos cosechados sean frescos.

En la actualidad, más de la mitad de las enfermeras suecas de cuidados intensivos que atienden a pacientes con supuesta muerte cerebral, tienen dudas respecto a los métodos para establecer la muerte cerebral, según una reciente evaluación publicada por la Academia Sahlgrenska, de la Universidad de Gotemburgo.

Si bien las regulaciones requieren que los médicos suecos determinen la muerte cerebral a través de ensayos clínicos específicos, su posterior análisis en conjunción con los rayos X aplicados al cerebro se realizan sólo para pacientes seleccionados.

La autora de la tesis, Anne Flodén, una enfermera registrada e investigadora en el Instituto de Ciencias de la Salud y de la Atención, dijo que el resultado del estudio era problemático, lo que indica la necesidad de lineamientos claros en torno al proceso de diagnóstico y de donación de órganos.

“Este problema fue planteado por muchas de las enfermeras del Instituto en varios de los estudios”, dijo Flodén. “Ellos se sintieron decepcionados por la falta de estructura y de lineamientos y por eso exigen más apoyo de la administración sobre estos temas”.
DROMMONDVILLE, Quebec, 14 de julio de 2011 (Notifam) –

diario7.com.ar/

viernes, 13 de agosto de 2010

Transplantes

Mendoza: fallo muy polémico por un caso de donación de órganos

Por Roxana Badaloni

Un joven fue enjuiciado y acusado de haber matado de un tiro en la cabeza a su novia, pero en un polémico fallo un juez mendocino dijo que la bala no mató a la mujer sino que la víctima murió en el proceso de donación de órganos. Así, la condena pasó de ser un homicidio, según había fundamentado el fiscal, a un accidente con una condena por lesiones gravísimas culposas. El acusado llevaba dos años en proceso y ayer recuperó la libertad.

Los fundamentos del juez de la Quinta Cámara del Crimen, Rafael Escot se leerán recién el próximo miércoles. Según pudo conocer Clarín , el magistrado fundamentará que duda de que el imputado haya tenido intención de matar a su novia y que el concepto de muerte cerebral (estado en el que se encontraba la víctima al momento de la ablación de sus órganos) no es a su criterio, “la muerte definitiva de una persona”. Sumará entre los antecedentes el caso de Zack Dunlap, un joven de Texas que recobró el conocimiento después de haber sido declarado con muerte cerebral.

El hecho, que es materia de discusión desde el lunes en los tribunales mendocinos, ocurrió en 2008, cuando Oscar Ahumada (28) le disparó en la cabeza a su novia Cintia Castillo (20). La chica fue trasladada al hospital Central de la Ciudad de Mendoza, donde se le diagnosticó muerte cerebral. Fue conectada a un respirador artificial y dos días después sus padres decidieron donar los órganos.

El abogado defensor Daniel Romero alegó que la muerte se produjo “por ser donante de órganos”. Y una vez conocida la sentencia le dijo a la prensa en tribunales: “Cuando la víctima llegó al hospital no tenía muerte cerebral sino una lesión seria. No existió el móvil de causarle la muerte”. El abogado argumentó que su defendido manipuló el arma con negligencia y que el tiro se escapó de manera accidental.

Un año después, la Cuarta Cámara del Crimen condenó a Ahumada a tres años de prisión en suspenso por homicidio culposo, que es atribuido a una muerte no intencional. Pero el fiscal Fernando Guzzo presentó un recurso de casación y la Corte local ordenó que el juicio se hiciera de nuevo. El caso pasó al juez Escot, quien el lunes rebajó el delito a lesiones gravísimas culposas, con una condena de tres años de prisión en suspenso. Lo hizo por el beneficio de la duda, al no poder confirmar por qué causa murió la chica.

La titular del Instituto Coordinador de Ablaciones e Implantes de Mendoza (Incaimen), que depende del Incucai, Laura Martta dijo a Clarín : “No se puede hablar de donación de órganos si no hay cadáver”. Explicó que cuando hay una muerte violenta, se pide intervención judicial, y el juez le deja al médico forense que determine si la donación de órganos perjudicaría la necropsia que sirve para interpretar la causa de la muerte. Maratta citó la Ley 24.193 de Trasplante de Órganos y Tejidos, que en el artículo 23 determina que “el fallecimiento de una persona se considerará tal cuando se verifiquen de modo acumulativo los siguientes signos: ausencia irreversible de respuesta cerebral con pérdida absoluta de conciencia, ausencia de respiración espontánea, ausencia de reflejos cefálicos y constatación de pupilas fijas no reactivas, inactividad encefálica corroborada por medios técnicos y/o instrumentales”. “Para poder hacer la ablación, se mantiene el cuerpo con respirador”, agregó.

Antecedente
Un fallo dictado por el juez de Misiones Carlos María de la Cruz, en 2006, entendió que una chica de 12 años había muerto en 2000 como consecuencia de la ablación de sus órganos para ser donados y no del accidente de tránsito que la había dejado en estado vegetativo. Los padres de Agustina María Bernasconi, la víctima, pidieron el juicio político contra el juez, al que acusaron de prevaricato por haber dictado una sentencia absolutamente contraria a la ley. Finalmente el juez fue destituido y otro magistrado que tomó la causa falló en 2009 a favor de la familia, reconociendo que la causa de la muerte había sido el accidente. Así, ordenó que los padres de la chica fueran indemnizados.

Clarín, 13-8-10

viernes, 5 de junio de 2009

Incucai no puede "nacionalizar" células madres

Una jueza federal de Rosario suspendió una resolución del Incucai, con una medida cautelar, para que las células madre del cordón umbilical de dos bebés nacidos en esta ciudad no sean incorporadas al registro nacional de donantes y sigan congeladas en el centro médico contratado por sus padres.
La medida cautelar dispuesta por la jueza Silvia Aramberri se convirtió en la primera dictada en el país contra la disposición del Incucai (Instituto nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) y benefició a la empresa Génicas, donde se encuentran congeladas las células.
Nicolás Mayoraz, abogado de los padres que presentaron el recurso, explicó que concurrieron a la Justicia "porque consideramos que la resolución del Incucai viola el derecho a la salud de estas criaturas, que además son genéticamente los propietarios del cordón ante una eventual enfermedad".
Los componentes de las células madre son usados en trasplantes y tratamiento de enfermedades como leucemias agudas y anemia aplástica severa, entre otras.
La medida cautelar suspendió así la reciente disposición 69/09 del Incucai, mediante la cual se reguló la actividad de los bancos de células progenitoras hematopoyéticas (CPH) provenientes de la sangre de cordón umbilical (SCU) de recién nacidos en todo el país.
Con esa norma, las unidades que se colecten para usos eventuales, para los que no haya indicación médica establecida, tendrán que ser inscriptas en el Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas. Según la resolución, cuando un paciente de Argentina o del exterior "necesite de un trasplante de CPH, cuya compatibilidad coincida con la unidad preservada, ésta debe destinarse al alotrasplante del mismo".
Pero los padres que depositaron con recursos propios las células madres de sus hijos, ven en la normativa un avasallamiento sobre su vida y su patrimonio.
La Voz del Interior, 4-6-09