martes, 24 de noviembre de 2009

"Homomonio" y discriminación

"Homomonio"[1] y discriminación [2]
Por Jorge Scala

1. El contexto: Bien se ha dicho que "la sociedad no tiene que reconocer la homosexualidad, solo las personas están sujetas a derechos y deberes: y esto no es el caso de una tendencia sexual. Militantes homosexuales hacen de su tendencia sexual un objeto de derecho para casarse y adoptar niños, cuando están, como ya se ha dicho, en una situación contraria para vivir esa doble realidad que solo pueden compartir un hombre y una mujer. Dan a veces la impresión de rehuir las preguntas que se plantean sobre este tema y de huir igualmente de su historial psicológico, sobre todo, cuando se sabe que la mayoría de los sujetos descubren su tendencia homosexual de manera atormentada."
"Se observa, muy a menudo, que la ansiedad y la angustia que van ligadas a la homosexualidad no son el producto de la sociedad con el solo pretexto de que esta estaría fundada únicamente sobre la relación de pareja hombre/mujer y sería, por tanto, heterosexual. El tormento del descubrimiento de la atracción por personas del mismo sexo encuentra su origen, sobre todo, en razones psíquicas. Estas son numerosas y variadas, empezando por el hecho de no poder establecer una relación afectiva íntima con una persona del sexo contrario. Esta incapacidad remite a una impotencia ansiogénica que unas personalidades frágiles en su narcisismo intentan colmar a través de un reconocimiento social"
[3].


1.a. Algunos homosexuales estiman insuficiente para aletargar sus conciencias, el reconocimiento social de su tendencia patológica. Sólo se considerarían satisfechos, si lograran eliminar de la sociedad toda referencia heterosexual. Para lograrlo, inventaron el neologismo "homofobia", que obra como una suerte de censura intelectual, impuesta por el "pensamiento único" de lo "políticamente correcto". Por ello, "la homofobia es un argumento de mala fe y un producto de la ansiedad de la psicología homosexual. Apelando a la homofobia, los militantes quieren ante todo culpabilizar a los heterosexuales… En realidad este acoso intelectual de algunos homosexuales se une a un fantasma primario del que dependen y que no es otro que el de la heterofobia, es decir, el miedo al sexo contrario, a todo lo que sea extraño a su propio sexo, a la diferencia sexual, que es fuente de alteridad" [4].
Es por ello que el lobby homosexual
[5] pretende el status de matrimonio, sin distinción alguna, a la convivencia entre personas del mismo sexo. El argumento favorito esgrimido para lograr su objetivo, es el de la “no discriminación”. No se plantea en términos jurídicos o al menos racionales, sino con el patetismo melodramático de los medios de propaganda [6]. Me propongo reflexionar sintéticamente, y con mentalidad jurídica, sobre cuáles serían las discriminaciones injustas de admitirse las “parejas” homosexuales en la institución matrimonial. El resultado de tales razonamientos es que el homomonio implica una triple discriminación injusta: a) respecto del resto de la sociedad, b) con relación a los matrimonios, y c) finalmente también frente a los propios homosexuales.


1.b. Ahora bien, no puedo dejar pasar por alto que "La homosexualidad es, y ha sido siempre un fenómeno marginal. Según encuestas serias, no afecta más que a un 3 o 4% de los miembros de una población, que son los que reconocen haber tenido al menos una vez una experiencia homosexual en su vida (encuesta Spira France 1992). Si se restan a estas cifras algunos intentos durante la adolescencia y conductas de reacción que han podido presentarse en otras personas, los porcentajes se reducen considerablemente" [7]. ¿Qué necesidad podría haber de regular un fenómeno estadísticamente irrelevante?.


1.c. Previo al análisis de la cuestión, debo decir que el vocablo "discriminación" se utiliza para manipular la opinión pública. Su significado real es "separar, distinguir". Continuamente separamos y distinguimos en casi todo. Diferenciamos entre personas buenas y malas, comidas agradables y desagradables, etc. Cada vez que hacemos una elección, discriminamos, pues al optar estamos desplazando las posibilidades descartadas. Es necesario discriminar. Lo único malo es la discriminación injusta o arbitraria, es decir la que carece de fundamento o agrede los derechos de otro. En cambio, llamar a cada cosa por su nombre es una justa discriminación, necesaria además para la buena vida en sociedad. Se aplica el mote de “discriminador”, como argumento ad hominem, a falta de un discurso racional para defender ciertas posturas.


2. Toda la sociedad es discriminada: Desde su formulación por Aristóteles en la “Etica a Nicómaco”, es un lugar común que “la familia es la célula básica de la sociedad”. Esto es obvio y como todo lo obvio hay que explicarlo, para contrarrestar el confusionismo del “pensamiento único”. El ser humano al nacer es el más desvalido de todos los seres que habitan nuestro planeta. Vale como ejemplo que un potrillo a la hora de haber nacido, es capaz de pararse sobre sus cuatro patas raquíticas y mamar. Vale decir, que a la hora de vida es capaz de alimentarse por sí mismo, sin ayuda de nadie. Casi ningún ser humano logra hacerlo en toda su vida. Las nuevas generaciones necesitan una cuidadosa crianza y una extenuante tarea educativa, ambas de muchos años de duración. Y la familia –padres e hijos-, es el lugar apropiado para lograrlo.
Por ello se protegió siempre –también jurídicamente-, la estabilidad de la unión marital. Se lo hizo mediante la institución del matrimonio, que deriva del latín matri munus, vale decir “el oficio de la madre”. Dicho de otro modo, el matrimonio es la institución que tutela la tarea insustituible de la madre –concebir, parir y criar los seres que prolongarán la especie humana-, lógicamente con la colaboración del varón, también necesaria para la maduración y plena humanización de los hijos.
Por ello: “Familia y matrimonio se presentan así, como dos instituciones que se vinculan necesariamente y que en cierta forma se confunden y asimilan: el matrimonio origina una familia, y en ocasiones constituye la familia misma (como, por ejemplo, cuando el matrimonio carece de descendencia)" [8]. ni padre, ni madre, ni hijos, ni esposa, ni esposo. Obviamente entonces, si hubiera amor [9], éste no sería ni esponsal, ni materno, ni paterno, ni filial, ni fraterno. La única semejanza con el matrimonio, es que allí también hay una cama de dos plazas –aunque utilizada de modo sustancialmente diferente en ambos casos-. ¿Alguien estimará razonable anclar los matrimonios y las familias, solamente en las camas de dos plazas?... En consecuencia, el homomonio no tiene causa jurídica alguna que lo justifique.


2.b. El otorgamiento del status jurídico de matrimonio, implica mucha prerrogativas –derechos y deberes- jurídicos. Algunos son verdaderos privilegios, que se justifican por la función social insustituible que cumple esa institución: asegurar las futuras generaciones de nuestra especie; especialmente, dotarlas de una verdadera humanidad.
“Regalar” esos privilegios y prerrogativas a quienes –por libre decisión-, han hecho la opción vital de impedir la continuidad de la especie humana, es un acto irracional y socialmente suicida. Además, implica una injusta discriminación hacia toda la sociedad, que se ve obligada a colmar de privilegios, a quienes –de por vida-, se han desentendido de la comunidad.


2.c. Sin embargo, hay todavía una discriminación aún más injusta. En efecto, “la convivencia de homosexuales, implica haber escogido un ejercicio genital, previa y voluntariamente programado como estéril. Se abdicó voluntariamente y por definición, de la finalidad de propagar la especie humana –tanto en lo específico como en lo personal-. Si todos los seres humanos hicieran esta opción vital, la especie humana desaparecería en algunos decenios [10]. Es por ello, que la homosexualidad no merece ningún tipo de protección por parte de la sociedad y del Estado; sino todo lo contrario. Puede discutirse si debe ser una conducta penalizada o no. Pero jamás puede ser admitida en los espacios públicos, y mucho menos pretender homologarla mediante un registro” [11]. ¿Acaso no constituye una discriminación injusta hacia toda la sociedad, el que una ley –o un “fallo” judicial-, obliguen a toda la comunidad a otorgar prebendas a quienes viven sus vidas al margen de la polis?.


3. El matrimonio como institución –y todos los matrimonios concretos-, son discriminados: Ello es así por dos motivos evidentes. En primer lugar, y esto vale a nivel institucional, si al ayuntamiento homosexual las leyes lo consideran matrimonio –aún cuando no lo es y jamás podrá serlo-, entonces el matrimonio deja de ser algo significativo. Si todo es matrimonio, el matrimonio no es nada. Se lo ha vaciado de su real contenido. En efecto, el homomonio sustituye a la institución que permite la generación, crianza y educación de las futuras generaciones, por una pseudo institución que consiste en lo que puede hacerse –con mucha o poca imaginación-, en una cama de dos plazas; vale decir, reduce el matrimonio a la nada. Ello implica una grave e injustificada discriminación a la institución matrimonial; de ser el origen y sostén de la célula social básica, la ley la degrada a la inania, arrasando con ella para el futuro.


3.a. A mayor abundamiento, las uniones homosexuales con reconocimiento legal, discriminarán arbitrariamente a todos y cada uno de los matrimonios reales existentes y futuros. Es una simple cuestión matemática. Los beneficios sociales y de la seguridad social al matrimonio, la familia y sus integrantes, son escasos e insuficientes en la República Argentina. Nadie lo duda. De receptarse el homomonio, la escasez sería todavía mayor. Sólo a título de ejemplo, y en una enumeración no taxativa: el Estado debería solventar más “asignaciones por matrimonio y por cónyuge” (sic); la seguridad social tendría más beneficiarios por “pensiones a la viudez” (sic); habría más beneficiarios en muchos de los planes sociales actuales o futuros, como los “planes jefes y jefas de hogar”, “plan familia”, “plan remediar”. Lo mismo puede decirse de los créditos bancarios con tasas promocionales para la construcción de la vivienda familiar; o la constitución del “bien de familia”, que incluye importantes rebajas impositivas. Habiendo una misma cantidad de dinero a repartir, si aumenta el número de beneficiarios, necesariamente se reducirán las prestaciones. De lo que se sigue que el homomonio hiere –también-, la justicia distributiva. Los perjudicados serán todos los matrimonios y familias, y los injusta y arbitrariamente beneficiados, aquellos que eligieron como plan de su vida, el desentenderse del resto de la sociedad.


4. El “homomonio” discrimina también a todos los homosexuales: Esta tesis parece provocativa, pero no lo es si se razonan las cosas con realismo y de modo desapasionado. Veamos:


4.a. Los científicos sostienen, que “Existe un amplio consenso entre los actuales estudiosos de la psicogénesis de la homosexualidad, en que es inherente al desarrollo homosexual una auto-actitud de masculinidad/feminidad frustrada, es decir, un complejo de inferioridad en cuanto a la propia masculidad/feminidad, una identidad sexual deficiente. En segundo lugar, existe amplio consenso en que el impulso homosexual se originó como compensación ante esta escasa identificación masculina/femenina. Es fundamentalmente un ansia de afecto y reconocimiento por parte de aquellas personas del mismo sexo a quienes se admira e idolatra. De ahí que todos los hombres homosexuales busquen ante todo modelos de masculinidad y que, en sus contactos deseen obtener el amor varonil que no encontraron, fundamentalmente de la figura paterna. La teoría más en boga es que la homosexualidad se basa en una perturbación del llamado 'sentido de identidad sexual'. La realidad demuestra que las personas homosexuales están afectadas no sólo en su faceta sexual, sino en todo su mundo emotivo. Su vida emotiva coincide mucho, por ejemplo, con la de tipo ansioso, compulsivo o depresivo, caracterizada por depresiones, nerviosismo, problemas relacionales y psicosomáticos. No son capaces, en determinados aspectos de su vida emotiva, de madurar y de ser adultos y, pese a querer aparentar jovialidad y alegría no son felices interiormente. La causa no está en la discriminación de la que se quiere acusar a la sociedad que les haría 'víctimas' de ella, sino en fuerzas que actúan en el interior mismo de los interesados”[12].
“En suma, la homosexualidad resultaría según el biólogo Vincent 'de un déficit de la función de alteridad. En el reconocimiento del otro, función primordial del amor, el homosexual elegiría lo mismo, sin querer afrontar la diferencia'"
[13].
Como enseña Antrella, "la homosexualidad sigue siendo un problema psíquico en la organización de la vida sexual que concierne al individuo. Querer trivializar esta orientación y darle un estatuto social equivale a confundirlo con la identidad sexual. Ahora bien, no hay más que dos identidades sexuales: masculina o femenina, no hay identidad homosexual. La homosexualidad pertenece al grupo de las tendencias sexuales numerosas y variadas en el psiquismo humano y que, en el mejor de los casos, están sublimadas y situadas bajo la primacía de la identidad sexual. El individuo solo puede socializarse y enriquecer el vínculo social a partir de su identidad (de hombre o de mujer). No es factible pensar que se pueda socializar en función de una tendencia sexual a menos que se pervierta el vínculo social y éste experimente una regresión: la homosexualidad es contraria al vínculo social"
[14].
En síntesis, la homosexualidad es una patología psíquica compleja, que provoca personalidades del tipo “ansioso, compulsivo o depresivo, caracterizada por depresiones, nerviosismo, problemas relacionales y psicosomáticos”, y “pese a querer aparentar jovialidad y alegría no son felices interiormente”.


4.b. Ahora bien, si se le reconociera el status matrimonial a la convivencia entre personas del mismo sexo, por la función docente y de ejemplaridad de las leyes, la sociedad en su conjunto le estaría notificando a todos los homosexuales, que son personas normales, que su condición no es patológica y, por lo tanto, les estaría dificultando –en la práctica en muchos de ellos de modo irreversible-, la aceptación de su patología, de la necesidad de buscar ayuda terapéutica para superarla y, con ello, a la postre, les cercenaría muchas de sus posibilidades de alcanzar la felicidad. Y esto constituiría la más grave e injusta discriminación, contra todo el colectivo homosexual. Discriminación que no estoy dispuesto a cometer, motivo por el cual escribí estas reflexiones, le guste o le pese a quienquiera que sea.


5. Conclusión: De todo lo dicho parece evidente que la única discriminación injusta que podrían padecer los homosexuales, sería su propia autodiscriminación, al pretender desconocer lo que implica la realidad de su condición. Desde otro punto de vista, el homomonio es el paradigma de la discriminación arbitraria.


[1] Denomino ex profeso “homomonio” a las uniones homosexuales, puesto que al ser una realidad diferente –e incluso contradictoria- del matrimonio; necesariamente deben tener un nombre diferente.
[2] Artículo publicado en la Revista Jurídica El Derecho, del 2.12.09.
[3] Antrella, Tony, "Homosexualidad y homofobia", que integra el "Lexicón", compilado por el Pontificio Consejo para la Familia, Ed. Palabra, Madrid, 2.004, pág. 560.
[4] Antrella, Tony, op. cit., pág. 562.
[5] Distingo aquí tres realidades diferentes: 1°) existen personas con tendencia homosexual, que viven dolorosamente dicha circunstancia involuntaria, y procuran curar su tendencia desviada o, al menos, vivir la castidad conforme su estado; 2°) otros con igual tendencia, se dejan llevar por ella, practicando actos homosexuales; reconocen que su tendencia no es normal o, al menos, que no les otorga ningún derecho; su vida sexual queda oculta en la privacidad; 3°) aquellos que hacen de la práctica homosexual, una causa política. Pretenden cambiar las pautas morales de toda la sociedad, para ser aceptados y, además, obtener determinados privilegios injustos. El lobby homosexual está integrado por ésta última clase de personas.
[6] Es importante llamar a las cosas por su nombre. Un medio de comunicación es el teléfono, que comunica a dos personas a través de ciertos aparatos. Los medios de prensa propagan ideas y se financian con publicidad. No son medios de comunicación, sino medios de propaganda.
[7] Anatrella, Tony, op. cit., pág. 557.
[8] Corral Talciani, Hernán, "Familia y Derecho - Estudios sobre la realidad jurídica de la Familia", Universidad de los Andes, Colección Jurídica, Santiago de Chile, 1994, págs. 25/6.
[9] El amor humano pleno –en cualquiera de sus formas, no solamente en el esponsal-, es oblativo. No parece posible que la yuxtaposición de dos egoísmos, pueda engendrar algún tipo de amor, digno de tal nombre.
[10] Obviamente la procreación no es "obligatoria". Además, es cierto que hay matrimonios que no logran tener descendencia. Por otra parte, hay quienes por servicio a los demás renuncian a la procreación. Sin embargo, hay un hecho que diferencia completamente la renuncia voluntaria a la procreación por servir al prójimo, de la que sólo se motiva en la satisfacción antinatural del impulso sexual. Son estilos vitales contrarios, y deben tratarse como tales. Por ello, se puede afirmar que la opción por la homosexualidad es antisocial y contraria al bien común. Más precisamente sostengo que tiende al "mal común".
[11] Scala, Jorge, “Derecho argentino y uniones homosexuales”, E.D. 212-932.
[12] van den Aardweg, Gerard J.M., "La Homosexualidad, una neurosis sexual". En "Cuadernos de Bioética", n° 4, Año 1997, pág. 1317.
[13] Cfr: Vincent, Jean Didier, en su libro, "Biología de las pasiones". Editorial Anagrama.
[14] Antrella, Tony, op. cit., págs. 557/8. Ahora bien, si la homosexualidad es una patología -como que realmente lo es-, el vocablo "heterosexualidad" resulta científicamente inadmisible. En efecto, heterosexual se utiliza como opuesto a homosexual; por tanto, ambos términos están en perfecta igualdad de condiciones, simplemente serían dos opciones para el ejercicio de la sexualidad. Y esto no es cierto. Homosexual se opone a varón, y lesbiana se opone a mujer. Dicho de otro modo, la normalidad -es decir adecuación con la naturaleza humana-, es ser mujer o varón. Lo patológico -y por ende está en otro plano-, son el lesbianismo y la homosexualidad. Así como no se caracteriza a una persona sana, como "no canceroso" -aunque obviamente lo sea-, del mismo modo no podemos llamar a un varón "heterosexual"; porque la masculinidad incluye -necesariamente-, la heterosexualidad. Dicho de otro modo, decir mujer -o varón- heterosexual es una inútil redundancia y, lo que es peor, induce a la grave confusión de poner en un plano de igualdad la adecuación a la naturaleza, con un estilo vital contra natura. En cambio cuando se dice "homosexual" o "lesbiana", se indica una patología padecida por un varón o una mujer, respectivamente.

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